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Visión y dislexia

síntomas de la dislexia

La dislexia es uno de los trastornos del aprendizaje más comunes, hasta el punto de que se calcula que un 10 por ciento de la población mundial padece el trastorno en algún grado.

Entendemos la dislexia como un trastorno específico del aprendizaje, de origen neurobiológico y hereditario, que afecta de forma especial a los procesos de lectura y escritura. Los principales síntomas de la dislexia son las dificultades en la lectura y escritura fluidas y las dificultades de comprensión de los textos. Otras señales que indican que un niño o niña padece de dislexia son un léxico limitado, problemas con la memoria a corto plazo, dificultades en el seguimiento visual (clave para la lectura), problemas al interiorizar nociones relativas al espacio (derecha-izquierda, la secuencia de días de la semana o de los meses), cambio en el orden de las letras al escribir, ortografía deficiente…

Existen, además, diversos tipos de dislexia. En cualquier caso, el efecto que tiene este trastorno en el rendimiento académico puede ser demoledor: depresión, estrés, ansiedad, baja autoestima, deserción escolar… El disléxico, además, puede ser el “diferente” de la clase, con los efectos que esto puede tener en la vida social del niño o la niña.

A pesar de que la dislexia se manifiesta especialmente en el proceso de leer y escribir, no puede considerarse un problema visual.

Es algo mucho más complejo, que requiere de una intervención multidisciplinar, en el que deben actuar diversos profesionales: psicólogos, logopedas, neurólogos, pediatras, especialistas en desarrollo infantil… Y también optometristas, cuyo papel es descartar que los síntomas de dificultades de la lectoescritura por causa visual se confundan con un trastorno de dislexia.

De hecho, los problemas con los ojos y la visión no causan dislexia, aunque en ocasiones los síntomas pueden confundirse. Los problemas visuales y la dislexia no están relacionados, pero son problemas que pueden ocurrir al mismo tiempo, de modo que un niño o niña pueden padecer los dos problemas. Por ello, es recomendable realizar un examen visual ante la sospecha de un trastorno de dislexia, porqué determinará si los síntomas observados tienen o no una causa visual, que suele afectar al procesamiento de la información visual.

Existe mucha información procedente de diversas disciplinas relacionadas con la salud sobre cómo abordar la dislexia o, como mínimo, aprender a convivir con ella. Desde la optometría podemos aportar nuestro grano de arena, importante, pero a menudo insuficiente.

Otros profesionales inciden en otros ámbitos relacionados con la dislexia. Los especialistas en baja visión, por ejemplo, han desarrollado sistemas que permiten facilitar la lectura a personas con problemas visuales severos. Uno de ellos, que he conocido hace poco, es un sistema que traduce a lenguaje oral un texto escrito. Es una especie de linterna que, al enfocar un texto, lo lee en voz alta de forma instantánea. Se trata del OrCam Read Smart, una nueva aportación que facilita la vida a los disléxicos. Y como esta, existen seguro otras iniciativas.

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