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El ojo seco

Uno de los problemas frecuentes con los que nos encontramos en las consultas optométricas es el ojo seco. Hablamos de ojo seco cuando se produce una mala lubricación del ojo, que afecta a los párpados, a la película lagrimal, y en general a toda la superficie ocular. El ojo debe estar bien lubricado. Esto es lo que explica que parpadeemos aproximadamente cada 20 segundos. El ojo seco se produce cuando hay poca cantidad de lágrima, cuando ésta es de mala calidad o cuando por la circunstancia que sea se evapora excesivamente. Provoca molestias, por lo que es frecuente que la persona afectada pida ayuda al especialista.
Se trata de una dolencia en cuya aparición influyen la edad, el tabaquismo, la menopausia o también surge como efecto secundario de determinados medicamentos, como pueden ser los ansiolíticos, antidepresivos, anticonceptivos o antihistamínicos.

Los principales síntomas del ojo seco son el enrojecimiento de los ojos, picor, malestar al realizar actividades que requieren que fijemos nuestra vista, o cuando utilizamos pantallas durante un tiempo largo. Son síntomas que se agravan cuando estamos en ambientes con humo o polvo, o por exceso de aire acondicionado. El ojo seco puede aparecer también por mala tolerancia a las lentes de contacto. En cualquier caso, es conveniente, cuando aparecen este tipo de síntomas, consultar con un especialista.

Hay que tener en cuenta que el ojo seco a menudo se convierte en algo crónico. Esto significa que el tratamiento es a largo plazo, a menudo de por vida. Debemos conseguir el equilibrio lagrimal que aliviar las molestias que produce.
Una buena higiene, el uso de lágrimas artificiales, evitar ambientes irritantes, el descanso de la vista o el uso de gafas ayudan a reducir las molestias.
Como siempre que hablamos de temas de salud, la prevención es una buena estrategia. En este sentido, evitar ambientes con poca humedad y descansar periódicamente cuando trabajamos con el ordenador, por ejemplo, son buenas prácticas para evitar el ojo seco.