María J. López Juez

Autora del libro “Por qué yo no puedo”

“Somos nuestra ruta auditiva”

María J. López Juez habla de los problemas del aprendizaje que tienen su origen en la ruta auditiva

Tras salir de la Universidad especializada en bioquímica y biología molecular, y ante las pocas oportunidades laborales que existían en este campo hace 25 años, María J. López se fue con una beca a Estados Unidos, donde estudió desarrollo cerebral infantil. Pasó del laboratorio a la clínica y desde entonces no ha parado de formarse y dedicarse al cerebro infantil, especialmente a la neurorehabilitación y la organización neurológica. Siempre ha trabajado con niños con parálisis cerebral, autismo, trastornos generalizados del desarrollo… Y ha podio observar como en los últimos años se ha producido un desplazamiento de los problemas más graves a otros de menos graves que afectan al lenguaje y al aprendizaje, como dislexias, TDA-H…, de los que dice que “siendo también problemas de organización neurológica, parecen menos obvios porqué el niño no está en una silla de ruedas, pero estamos hablando de lo mismo, de cómo se organiza y se construye el cerebro de un niño”. Es autora del libro “Por qué yo no puedo”, en el que trata de los fundamentos biológicos de las dificultades del aprendizaje. Ella fue una de las ponentes del primero de los cursos organizados por el Aula de Formación Aribau-Ferré, en noviembre de 2012. De todo ello habla en esta entrevista.

¿Cómo explica este cambio que supone el tener que pasar de tratar patologías graves a otras de menos graves?

Han cambiando las situaciones sociológicas y médicamente se ha avanzado mucho en los últimos años. Antes teníamos muchos niños con parálisis cerebral… En el desarrollo del cerebro hay como tres grandes hitos: la bipedestación (el ponerte a andar, al año); el lenguaje (ponerte a hablar, a los tres años), y la lectoescritura, hacia los cinco o seis años. Pues bien: inicialmente había muchos más niños con problemas en el primer punto, que impedían llegar al segundo o al tercero. Pero según hemos ido mejorando en prácticas de prevención en los embarazos o en la atención médica en el parto han ido disminuyendo los niños con problemas de parálisis cerebral, que no llegan a andar. Pero, por contra, ha aumentado mucho la población de niños con problemas de aprendizaje, trastornos de la lectoescritura, dislexias, trastornos por déficit de atención con hiperactividad… Lo que creo, pues, es que ha habido un desplazamiento desde las lesiones más graves y más profundas a las lesiones menos graves y menos profundas, pero no menos importantes, porqué, en primera persona, para un niño es igual de grave no andar, que no leer o no hablar.

En tu libro queda claro que la falta de herramientas neurológicas básicas suele estar en el origen de los problemas de aprendizaje… ¿Existen suficientes recursos para corregir esta falta de herramientas?

No. Porqué el recurso más importante que creo que necesitamos es el del conocimiento. Necesitamos saber cómo se construye el cerebro de un niño. Nosotros tenemos una base genética, que representa la pista de despegue del cerebro, pero luego hay una parte epigenética, de interacción con el entorno, que hace que a lo largo de los primeros seis años de vida, ese cerebro que está en potencia se construya. A veces pongo un ejemplo: los genes te dan los planos, pero después hay que construir la carretera. Y es durante los primeros seis años de vida cuando se construyen las carreteras en el cerebro: La carretera que une el ojo con la mano, o la que coordina los dos campos visuales, o la que trabaja en la decodificación fonológica… Todo esto hay que construirlo. Y sólo se construye con una buena interacción con el entorno, lo que indica la importancia de todo el tema de la crianza de los niños. Uno de los problemas que hace que el niño no desarrolle unas buenas herramientas neurológicas, al margen de la patología que se pueda haber producido (haber tenido una lesión cerebral durante el embarazo, o durante el parto) es que pensamos que la construcción de estas carreteras, la adquisición de estas herramientas neurológicas de procesamiento de la información, se producen en la mayoría de los casos al azar, cuando en realidad se producen por una interacción con el entorno, que no tenemos claro en muchos casos cómo sucede. La herramienta del conocimiento que muchos profesionales que se dedican a la infancia deberían tener, creo que no la tienen. Y esto es un problema.
Por ejemplo, hablemos de audición. Resulta que en el periodo de los 18-20-24 meses, el niño tiene que aprender a oír los fonemas del lenguaje al que está expuesto. Esto coincide con el periodo de máximos de las infecciones respiratorias en las vías altas. ¿Qué ocurre si un niño cuando está grabando el lenguaje lo percibe distorsionado o con mala calidad porque tiene una barrera de moco en el oído? Lo que va a ocurrir es que el moco se va a ir, pero deja una huella en el cerebro en la que una “p”, una “d” o una “b” pueden sonar exactamente igual. Y te deja un problema de dificultad en el procesamiento de la decodificación fonológica que va a tener consecuencias en el proceso del aprendizaje. Es decir, este niño no va a poder adquirir las herramientas para enfrentarse a la lectoescritura con éxito. Yo no creo que todo el que tenga niños con infecciones en las vías altas (otitis, mocos…) o que ve que los niños que están en la guardería pasándose los virus y las bacterias de unos a otros le den mucha importancia a esto. Algunos lo resolverán solos, pero los que no lo resuelven, van a tener un problema de aprendizaje.

En este sentido, el papel del maestro, del educador, debe ser importante…

Si hablamos del desarrollo de 0 a 6 años, que para mi es la base de toda la organización neurológica, creo que no se da la suficiente importancia a los cuidadores que trabajan en esas edades. De toda la educación, los profesores menos valorados son los de preescolar e infantil. Está infinitamente más valorado en esa sociedad un profesor de universidad que un profesor de 0 a 6 años, cuando éste no sólo se encarga de la parte más asistencial, si no que además de enseñar, se ocupa o carga con la responsabilidad del desarrollo. Y en eso ha habido un cambio social brutal, porqué la responsabilidad antes era de los padres. A día de hoy, ¿de quién es? Algunos padres no saben qué responder cuando les pregunto, y la profesora es la que más habla con el niño. Estamos pagando el precio de este cambio social.

Además de esta falta de valoración ¿Tienen suficiente formación?

No. Creo que, por ejemplo, un profesor de infantil no es consciente de la importancia que tiene la ruta visual, o la ruta auditiva. La falta de formación de estos profesionales es uno de los grandes problemas que tenemos, que es el hecho que no se trabaje lo suficiente en prevención. Si un profesor de infantil supiera de la potencia del hecho que un niño hiciera un buen desarrollo físico para tener un buen desarrollo óculo-motriz, pues ya lo haría, pero es que lo desconoce completamente. El problema es que la falta de conocimiento en este tramo educativo hace que se pierdan una serie de oportunidades magníficas de prevenir. Con conocimiento podríamos trabajar en organización neurológica.

¿Y las familias?

En general, la mayoría de los padres tienen un profundo desconocimiento de lo que es la crianza del niño. Se ha perdido la tradición que pasa de madres a hijas, la que servía para explicar que si el niño lloraba era porqué le estaban saliendo los dientes, por ejemplo. No lo juzgo, porqué la mujer tiene todo el derecho del mundo a integrarse plenamente a la vida laboral… Pero hay una parte de conocimiento ancestral que se ha perdido… Insisto: no lo critico, pero es evidente que hace falta que se forme mejor a la gente que trabaja con niños. Deberían tener un conocimiento adecuado de lo que está ocurriendo en el cerebro de los niños con los que están. Aunque sea para que, si no pueden ayudar, por lo menos no metan la pata.

Los niños están cada vez expuestos más pronto a las nuevas tecnologías, a las pantallas y al sonido artificial ¿Qué papel juegan las nuevas tecnologías tanto en los niños como en los profesionales que trabajan con ellos?

Las nuevas tecnologías nos van a ayudar mucho y estoy segura que son el futuro. Pero podemos analizar cómo actúan. Hay una profunda diferencia entre lo visual y lo auditivo, por como está organizado nuestro cerebro. En la parte visual, siempre estamos procesando estímulos visuales concretos, y algunas veces estímulos visuales abstractos. Si yo te digo la palabra “pez”, ¿en qué piensas? ¿En la figura de un pez? ¿o en su representación abstracta, las letras unidas P, E y Z? La figura sería lo visual concreto, las letras lo abstracto. Bien, pues esto que pasa en la ruta visual, no pasa en la ruta auditiva. Si digo “autobús”, podríamos generar en nuestro cerebro el sonido del frenazo del autobús, pero no lo hacemos. En lo auditivo, siempre trabajamos con lo abstracto. En las nuevas tecnologías todo es muy intuitivo, por el uso que se hace de los iconos…. En este sentido, el mundo digital es bueno porqué conecta muy bien con lo visual concreto. Sin embargo, en el digital auditivo, no es tan evidente. Y aquí se genera una diferencia: el acceso a las tecnologías que tienen una base visual creo que está siendo masivo y, sin embargo, estamos perdiendo una parte muy importante, que es la auditiva, porque no estamos utilizando una parte muy importante de lenguaje, la parte no verbal. En definitiva, lo que creo es que en ruta visual las tecnologías están entrando porque conectan muy bien con el procesamiento cerebral, pero está apareciendo una carencia cada vez más importante en comunicación y lenguaje, porqué para el lenguaje necesitas un “otro”.

Se habla mucho del TDAH, el Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad. ¿Cuál es tu opinión sobre como la sociedad está abordando el problema?

Yo soy muy crítica con el diagnóstico del TDAH, porqué es un diagnóstico sintomático. El problema no es si medicamos o no, es si diagnosticamos bien o mal. Si un niño realmente tiene un TDAH, es decir, tiene un trastorno en el lóbulo frontal de su cerebro, merece toda la ayuda del mundo. Pero el problema es que estamos diagnosticando, francamente, con muchas dificultades. Te pongo un ejemplo: te diagnostico una depresión y te receto unos antidepresivos. Pero no entro a analizar si esta depresión es porqué has perdido el trabajo, o has roto con tu pareja, o cualquier otra cosa. El antidepresivo ni va a darte trabajo, ni va a rehacer tu vida en pareja… Quiero decir que bajo el diagnóstico de depresión puede haber historias personales que el antidepresivo no resuelve. Eso no significa que a una persona un antidepresivo, puntualmente, le pueda ayudar… pero si no hace algo para cambiar su realidad seguirá enganchado a la depresión.
Si diagnosticamos que un niño tiene el TDAH, puede ser que lo tenga. Pero el hecho que le demos un derivado anfetamínico para tratar el déficit de atención no resuelve que tenga un problema de enfoque o de convergencia visual, o un problema de filtrado auditivo, o de control postural, o de integración viso-auditiva… Es decir, el fármaco no resuelve el problema de organización neurológica que está dando este síntoma, de forma que si tú a un niño le diagnosticas un déficit de atención visual y pretendes resolverlo con una medicación solamente estás resolviendo el síntoma, pero no le estás dando al cerebro la herramienta que necesita. Entonces, yo, más que crítica con la medicación, soy muy crítica con los diagnósticos. ¿De dónde viene un síntoma? ¿Cuál es la zona del cerebro de este niño que está sin organizar?. Si doy una pastilla, estoy poniendo una tirita. Tapo los síntomas sin resolver el problema de fondo.

Y en materia audición, tu especialidad ¿cuáles son los problemas que hay que afrontar?

Uno de los problemas de la audición, es que la audición no existe. Para la mayoría de los profesionales, la audición no existe. Y este es el gran drama de los niños con problemas auditivos. Con esto no quiero decir que los problemas visuales no sean importantes, pero ya hay gente que está alerta y cuando ven que hay un problema lo derivan al oftalmólogo o al optometrista. Pero en la audición, a no ser que sea un niño que esté profundamente sordo, el problema es que se identifican con problemas auditivos, no se identifican con problemas de comportamiento. Y el niño se pasa castigado toda la infancia… No es que haya gente que no investigue o se dedique al tema de la audición, es que la mayoría de la gente piensa que la audición no existe. Y el tema es que la audición es la vía que se conecta con el lenguaje, y que si hay problemas auditivos va a haber problemas de lenguaje. Hace falta que la gente reflexione y se dé cuenta que la ruta auditiva es importantísima, y que la ruta auditiva no es el sólo el oído. El oído es el órgano receptor, que debe estar sano. Pero solo es el principio. A lo que me dedico es al procesamiento auditivo central, es decir, a conocer lo que hace el cerebro con lo que le mandan los oídos. El cerebro tiene que hacer muchas cosas con lo que le mandan los oídos: debe localizar la fuente de sonido, debe regular la intensidad, debe decidir si este es un sonido amenazante para la vida, debe hacer una decodificación fonológica, debe interpretar la palabra y debe ponerla en relación con su base de datos. Y todo esto lo hacernos por la ruta auditiva. De hecho, yo creo que cada uno de nosotros somos nuestra ruta auditiva. Nuestra base de datos auditiva del mundo. ¡Y no quiero quitar la importancia a la visual! Si tienes problemas para construir tu ruta auditiva y tu comprensión del mundo a través del lenguaje pues vamos muy mal. Fíjate: en África hay niños analfabetos que jamás irán a la escuela, y son trilingües. Hablan el idioma de su pueblo, el del pueblo de al lado, y la lengua colonial del país. Tienen una opción en la vida, porqué tienen el lenguaje. Lo que nos define como seres humanes es el lenguaje, y el lenguaje empieza y acaba en la audición.

¿Cuáles son las patologías más comunes de la ruta auditiva que afecten al aprendizaje?

La primera es algún problema en el aparato auditivo. Una sordera. Pero sin entrar en la patología profunda, una vez que tú tienes el receptor íntegro, los problemas que nos podemos encontrar son, por un lado, de localización de la fuente de sonido (el niño no puede dirigir la atención visual hasta que no sabe dónde está la fuente de sonido, como cuando conducimos y oímos una sirena, que no sabemos dónde está exactamente); los problemas de control de la intensidad del estímulo, que puede generar mucho estrés, el filtrado de la señal (no todo lo que oímos importa, y hay que distinguir bien). Todo esto afecta mucho al comportamiento. Y, finalmente, la decodificación fonológica, que si no está bien genera problemas de lenguaje.

¿Y tienen buen tratamiento?

Depende del nivel en los que se trata. Si las tratas desde la entrada de la información auditiva, desde el oído porque son problemas en la entrada, se resuelven en un porcentaje alto. Si es desde la salida, desde el comportamiento, tienen mala solución. Porque estamos volviendo a tratar el síntoma y no el origen del problema. Cuando se trata desde los síntomas la resolución del problema es muy pobre. Desde el origen se gana mucha más eficacia.

✔ Maria J. López es una de las profesoras del Curso  Lateralidad y Aprendizaje: 100 Preguntas – 100 Respuestas  que organiza el Aula de Formación Elisa Aribau  

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