Jordi Catalán

Médico especialista en desarrollo infantil

“Muchos problemas de aprendizaje tienen en su base trastornos de lateralidad”

Un elevado número de alumnos con problemas de aprendizaje presenta problemas de lateralidad que explican por qué les cuesta tanto la comprensión lectora, escribir o entender las matemáticas. El doctor Jordi Catalán es un médico experto en desarrollo infantil con amplia experiencia en tratamientos de trastornos de lateralidad. Es uno de los profesores habituales del Aula de Formación, y en esta entrevista aclara algunas dudas sobre la lateralidad, su influencia en el aprendizaje y el tratamiento de los trastornos más habituales.

¿Cuáles son los trastornos de lateralidad infantil más frecuentes?

Los más frecuentes son la lateralidad contrariada, la lateralidad cruzada y la tardía (que aparece más tarde de lo que sería habitual). Estas son las más frecuentes. La que más nos encontramos en las consultas es la lateralidad contrariada, es cuando un niño diestro escribe con su mano izquierda, o un zurdo usa más su mano derecha. Esto genera al niño unas dificultades en el proceso de aprendizaje.

En el caso de los cruces, (la lateralidad cruzada es cuando, por ejemplo, trabaja con la mano derecha y tiene como dominante el ojo izquierdo). En este ejemplo, el trabajo optométrico permite reorganizar el proceso de poner orden a las funciones visuales. Hay que potenciar la relación hemisférica, para compensar el desorden espacial que se genera y potenciar una buena relación óculo-manual.

La lateralidad tardía requiere de la ayuda de un especialista, para activar la aparición de la dominancia que le corresponde.

¿Estos trastornos de lateralidad afectan a un porcentaje alto de población?

No tengo estadísticas, pero sí puedo decir que entre la población infantil con problemas de aprendizaje, el porcentaje de los que tienen trastornos de lateralidad es muy elevado. La lateralidad es una etapa del desarrollo muy importante y necesaria para organizar la escritura, la lectura y la comprensión de la matemática. Si no hay una buena estructura de la organización lateral es cuando se producen importantes problemas de aprendizaje, baja comprensión lectora, dificultades gráficas, inversiones, bajo razonamiento lógico, disortografía, discalculia…

¿A qué edad se detectan estos trastornos?

La lateralidad debe empezar a definirse, desde un punto de vista práctico, a partir de los 4-5 años. A partir de esta edad, el niño debe estar ya lateralizado. De hecho, a los niños que se les empieza a enseñar a leer y a escribir antes de que estén lateralizados, presentan problemas. Tienen grandes dificultades para poner en orden la información que se les ofrece. Hay niños que a los tres años ya se les ve bastante definida su lateralidad, los hay que tardan hasta los cuatro, los cinco o incluso los seis años. Esto está dentro de la normalidad cronológica, evolutiva, ya que no todos maduramos de la misma manera ni al mismo ritmo… Pero como en la escuela se pide hacer el aprendizaje de la lectoescritura sin tener en consideración si el niño está lateralizado, se generan importantes dificultades.

En Finlandia, que es el sistema educativo europeo que presenta un mejor balance en la educación, empiezan el aprendizaje de la lectoescritura a los siete años. De este modo evitan problemas con niños que a lo mejor a los cinco años presentarían dificultades de aprendizaje por no estar todavía lateralizados. Al empezar más tarde, tienen más margen y más facilidad para incorporar el aprendizaje de la lectoescritura.

¿En que deben fijarse los padres para detectar si existe algún problema de lateralidad?

Hay que observar cuáles son las dominancias del niño en actividades espontáneas. No es suficiente ver que el niño escribe con la derecha para poder afirmar que el niño es diestro. Hay que ver, por ejemplo, si coge un tubo, con qué ojo mira el agujero, observar con qué mano lanza una pelota, se cepilla los dientes, con qué mano o con qué pie hace actividades espontáneas… En principio todo debería estar canalizado hacia un lado, el derecho si es diestro o el izquierdo si es zurdo. Hay que ir observando estas actividades espontáneas y si existen mezclas (si utiliza lados distintos, en función de las actividades) es cuando puede haber problemas. Estas observaciones, claro está, no hay que hacerlas antes de los cuatro años.

Existe todavía el mito de considerar “raros” a los zurdos…

Ha disminuido considerablemente. A los niños zurdos hay que potenciarles el uso del lado izquierdo y no supone ningún problema. No hay que hacer lo que se hacia antes, de anularles la mano para forzarles al uso de la derecha… Esto provocó que existieran muchos zurdos contrariados. Lo que ocurre hoy es que existen niños diestros que empiezan a usar el lápiz con la mano izquierda y ya se considera que son zurdos, acaban siendo diestros contrariados. Por lo tanto hoy nos encontramos con los dos trastornos.

Y si los padres detectan alguna anomalía, o les avisan desde la escuela, ¿qué es lo que recomienda que deben hacer?

Lo primero, ver a un especialista que pueda determinar cuál es la organización lateral del niño. Primero hay que ver si todas las etapas previas (que pasan por la fase de arrastrado, gateo…) están bien estructuradas. Y, después, ver cuál es la lateralidad real de aquel niño y a partir de aquí determinar qué hacer, si cambiar el uso de la mano (cuanto antes mejor)… Se trata de detectarlo en etapas precoces para que la solución sea más fácil de aplicar.

¿Y cuáles son los tratamientos o las terapias más eficaces?

Primero hay que realizar un buen trabajo para obtener una óptima base de coordinación, con ejercicios contralaterales para que los dos hemisferios trabajen conjuntamente. Si existen alteraciones visuales, el optometrista debe intervenir para poner orden al sistema visual; hay que una buena reorganización manual, si se precisa… Entonces, debe activarse el proceso espacial, para que el niño pueda organizarse dentro de su estructura corporal, es decir, enseñarle a saber dónde tiene la derecha, dónde la izquierda, la direccionalidad al escribir, al leer o al sumar… Se trata de organizar correctamente las diferentes etapas, para conseguir un buen orden.

¿Qué consecuencias tiene el hecho que un niño no sea tratado de un trastorno de lateralidad?

Dificultades de aprendizaje. Es decir, problemas de lectura, de escritura, de no entender los procesos matemáticos… Pueden hacerse diagnósticos erróneos de déficit de atención (TDAH) (el niño hace un trabajo que le cuesta, se distrae, y se llega a ese diagnóstico sin saber la causa real), o de dislexia…

¿Y la edad, cómo influye?

Cuanto mayor sea el niño, más difícil es reorganizar su lateralidad. Puede hacerse, pero es más difícil. Es bueno hacer un trabajo preventivo para evitar problemas a una edad más avanzada.

¿Y quién debe hacer ese trabajo preventivo?

Principalmente, la escuela. Y las hay que lo hacen, pero las hay que no.

¿Y están bien preparados los profesores en la escuela?

En la formación de magisterio no se contempla con detalle el desarrollo de la lateralidad . Algunos maestros se han formado por su cuenta y saben detectar estos problemas en el aula, pero por desgracia para los niños no es lo más frecuente.

¿Quién interviene en el tratamiento? ¡Es un trabajo multidisciplinar?

Sí: Médicos especialistas en el desarrollo, optometristas, pedagogos, especialistas en audición, psicólogos… Es bueno tener una visión amplia del proceso y en cada caso pautar la prioridad de intervención, para que el tratamiento tenga pleno éxito y el niño pueda abordar el aprendizaje académico con garantías y confort.

Os recomiendo el curso que organiza el Aula de Formación: Lateralidad y Aprendizaje: 100 preguntas – 100 respuestas del cual soy uno de los profesores

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