Daniel Gabarró

Autor del método de “Ortografía sin esfuerzo con Programación Neurolingüística”

“Enseñamos a los alumnos a ver con las palabras”

Las claves del método que está revolucionando el aprendizaje de la ortografía

 

Un alumno con problemas en el aprendizaje de la ortografía sirvió al profesor y psicopedagogo Daniel Gabarró como estímulo para iniciar una investigación que ha dado como resultado un método, que él describe como revolucionario, para aprender la ortografía, y hacerlo sin esfuerzo, de forma inconsciente, y al margen del estudio de las normas ortográficas. Se trata de un método basado en la programación neurolingüística, una rama aplicada de la psicología. Los resultados son tan buenos, que la expansión del método está siendo espectacular. El material para su aplicación lo publica la editorial que él mismo creó hace tres años (boiraeditorial.com), una empresa solidaria: no cobra los libros a los alumnos con riesgo de exclusión social. Con Daniel hemos colaborado y colaboramos en diversos proyectos. En esta entrevista cuenta cuáles son las claves y las ventajas de este método.

¿Cómo nace el método?

He ejercido durante 21 años como maestro. Y siendo profesor de primaria, muy joven, estando en 6º, me viene un alumno repetidor, y me dice: “Daniel, ¿volveremos a hacer el cuaderno de ortografía del año pasado?”. Le respondo que sí, y reacciona diciendo que “muy bien, porqué ya lo he hecho tres veces y me gusta mucho”, a lo que yo pensé que volvería a hacerlo, y volvería a fracasar. A partir de aquí, me pongo a investigar. Había estudiado programación neurolingüística, que es una rama aplicada de la psicología. Veo que hay una metodología que indica cómo lo hacen las personas que tienen éxito, para los que la ortografía no es un problema.

Me dedico durante un par de años a plasmarlo buscando una forma tan simple y tan sistemática, que cualquier maestro, aunque nunca haya oído a hablar de la programación neurolingüística, lo puede hacer y obtener los mismos resultados que yo, que son espectaculares: la reducción de entre un 50 y un 80 por ciento de faltas ortográficas y, además, conseguir que los peores alumnos se incorporen al grupo de los buenos. Y esto es tan revolucionario, que la extensión del método está siguiendo un ritmo bestial. En el último trimestre [la entrevista la hacemos en enero de 2013] 60 colegios han adoptado el método.

¿Cuál es la base del método?

La base es que hay que imitar las cosas que hacen las personas con buena ortografía. Y éstas ven las letras de las palabras en su cabeza. De hecho, cuando tienes dudas, escribes la palabra de dos formas y hay una que te dolerá en los ojos, porque choca con la imagen de la palabra que tienes en la cabeza. El método es enseñar al alumnado a ver las palabras, y a hacerlo de forma inconsciente. Por eso lo llamamos “sin esfuerzo”.

¿Sirve para todas las edades en Primaria?

Sirve para cualquier persona a partir de los ocho años, aproximadamente. Para cualquier persona que lea y escriba con agilidad. Puede utilizarse también en secundaria, bachillerato y personas adultas. Y se trata, además, de una metodología que no está asociada a ninguna lengua concreta, de tal forma que hasta el momento tenemos la metodología adaptada al castellano, al catalán y al inglés, la estamos traduciendo al gallego y al euskera, y vendrán otros idiomas más adelante. Esto me enorgullece mucho. Y hay otra cosa fundamental. Nosotros enseñamos gestión mental, no partimos de normas ortográficas. Rompemos la forma habitual de trabajar la ortografía. Quien trabaja con nuestro método, debe hacerlo sólo una vez en la vida. Esto cambia su forma de pensar y cualquier trabajo posterior le es útil. Y esto rompe muchas cosas.

¿Y por qué es un método válido para todas las lenguas?

Por qué no se basa en las normativas, si no en la memoria visual. Piensa que en castellano hay más de 600 normas ortográficas… ¿Te las sabes? No, ¿verdad? Escribes bien por memoria, y sólo recurres a las normas cuando tienes dudas. Y eso es aplicable a todas las lenguas.

¿Qué es la programación neurolingüística?

Como decía antes, es una rama aplicada de la psicología que busca describir los procesos mentales que hacen las personas que tienen éxito, describirlos como si se tratara de una receta de cocina, paso a paso, de forma que todo el mundo pueda hacer esos pasos y obtener los mismos resultados. Esto significa que con el método de la ortografía he descrito los procesos mentales que hace la gente para escribir bien, en partes lo suficientemente pequeñas para poder ser enseñadas, de forma que todo el mundo que sigue esos pasos obtiene los mismos resultados, de la misma forma que todo el mundo puede hacer una tortilla de patatas si sigue los pasos de la receta para elaborarla. La programación neurolingüística es aplicable a muchas otras cosas, como la escritura creativa, la velocidad lectora, la comprensión lectora, etcétera.

¿Cómo influye la percepción visual en la aplicación del método?

Todo el trabajo que se hace desde la optometría es previo. Para poder leer y escribir con agilidad y sin faltas, hace falta que el ojo no sólo mire, sino que vea. Y eso significa que hay una serie de cosas previas que hay garantizar, como la capacidad de fijar la mirada, de hacer movimientos sacádicos, la capacidad de diferenciar el fondo de la forma, etcétera.

Más allá de la ortografía… ¿en la escuela se enseña bien la lengua?

Hay partes que sí, y otras que no. Y enseñando la lengua de otras maneras sería posible ganar tiempo en el aula para hacer otras cosas. Podría hacerse una novela entre todos los alumnos, podría aprenderse a hablar en público, porque la lengua oral es uno de los grandes déficits… Y todo lo que sea la creatividad aplicada a la lengua. Los maestros debemos confiar en nosotros y liberarnos de la esclavitud del libro de texto, para hacer otras cosas que permitan que los alumnos se enamoren de la lengua.

Maestros, psicólogos, optometristas, médicos, pedagogos… ¿Existe diálogo entre los diferentes profesionales que intervienen en mayor o menor grado en la educación?

El problema no está en la falta de diálogo. El problema está en que no hemos dado suficiente libertad y poder al profesor para liberarse de la esclavitud del libro y del programa concreto. No hemos dado un voto de confianza al profesorado, no le hemos dicho “confiamos en usted, aplique la pedagogía que crean conveniente en cada caso”, lo cual ha hecho que vean cortada su creatividad. Y además, el profesorado no se dedica sólo a la educación, si no que se le pide que trabaje la salud, la educación vial, la educación sexual, la prevención de delitos por internet, la prevención de la caries, las vacunas… Vamos, que hemos convertido la escuela en una herramienta para resolver todos los problemas sociales. Se le exigen demasiadas cosas que no son de su competencia, y esto le resta eficacia. El conocimiento es placer. Y me preocupa que este placer no sea el eje de la actividad escolar.

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